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Es la última fase que suele concluir con el abandono de la víctima de su puesto de trabajo, muy probablemente tras haber pasado por largas temporadas de baja. Los trabajadores de las administraciones públicas o las universidades suelen pedir la permuta de la plaza, que, sin embargo, en pocas ocasiones se materializan, mientras que en la empresa privada parte de las víctimas deciden aguantar estoicamente en su puesto de trabajo y atraviesan un calvario que tiene consecuencias muy negativas para su salud. Unos y otros sufren un agravamiento del problema, tanto dentro como fuera de la empresa.
En esta fase los subalternos dentro de la empresa aprovechan para hacer todo tipo de humillaciones, faltar el respeto al acosado, crear rumores malignos y comentarios vejatorios, falsedades y calumnias... para hacer méritos ante el acosador y que no arremeta contra ellos.
El condenado es colocado en el sitio más incómodo posible, invisible del público,aislado de los compañeros y haciendo tareas inútiles y lo más rutinarias posibles para que el sentimiento de fracaso se vaya apoderando del acosado. Suele imputársele todo lo malo que pueda ocurrir en la empresa.
La mayoría de las veces, los acosados son personas con mucha preparación profesional lo que agrava la situación porque la envidia es mayor.
En los casos más extremos, el suicidio es la solución más radical.
Debido a que el mobbing cada vez es más conocido, existen personas del entorno laboral que se niegan a agredir y que ayudan a la reparación del daño recibido. Si la situación persiste lo más adecuado es acudir a los tribunales de justicia con toda la documentación acumulada y con un buen asesoramiento legal para que ellos diluciden sobre la situación y la remedien.
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