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Es un error identificar el concepto de competencia con el de atribución. En el ámbito profesional se suelen utilizan indistintamente pero tienen un significado diferente. Según el catedrático de la Universidad Politécnica de Cataluña, Benjamín Suárez Arroyo, las competencias dependen del conocimiento que se adquiere a lo largo de la vida. Nacen y crecen con él.
Una persona adquiere una aptitud y eso se convierte en competencia pero para lograr una atribución no sólo se necesita el conocimiento, además hace falta un documento que le acredite que puede hacer uso de esa destreza.
A juicio de algunos expertos el problema de las atribuciones es que se adjudican de por vida una vez se adquiere un título. El profesor de la Universidad de Cantabria, Juan Manuel Bayod, opina que no tiene sentido que se otorguen estas facultades de por vida puesto que la profesión irá evolucionando con el paso del tiempo, los cambios tecnológicos, sociales... y los estudios que se hayan cursado llegará un momento que no servirán para el desempeño profesional.

Por otro lado, el profesor Bayod, plantea que un recién graduado obtiene nada más recibir el título el grado máximo de atribuciones asociadas a sus tareas profesionales aún sin contar con una experiencia donde ha demostrado esos conocimientos. Además a lo largo de su carrera profesional no podrá mejorar esas atribuciones ni las tendrá que volver a demostrar.